El equipo de arquitectura español Made In Architects gana el concurso internacional para la construcción del “Maritime Cultural and Popular Music Center”, en la ciudad taiwanesa de Kaohsiung.
El proyecto, con una superficie de aproximadamente 100.000m2, y con un presupuesto de unos 100 millones de euros cuenta con dos auditorios, uno exterior con capacidad para 12.000 personas y otro interior con 3500 plazas, un museo del mar, un museo de la música, un mercado 24h y ocho auditorios de menor tamaño y de uso polivalente.
El equipo Made In lo crean los arquitectos Manuel Alvarez-Monteserín y Beatriz Pachón expresamente para este concurso, introduciendo a arquitectos como Javier Simó, Lain Satrustegui, Guiomar Contreras entre otros y con el apoyo del estudio de arquitectura madrileño Leon11.
Tras pasar a la segunda fase, quedando cinco seleccionados de entre más de 150 estudios, se asocian con el estudio taiwanés HOY architects y a consultorías internacionales muy importantes como ARUP (instalaciones), BOMA (estructuras) y Xu acoustique (acústica) entre otras.

El proyecto huye de dar una solución unitaria e icónica, apostando por la heterogeneidad tanto en tipologías edificatorias (en el proyecto considerados como fenotipos) como en situaciones espaciales y actividades. Los diferentes edificios y espacios públicos articulan toda la bahía del Love River y devuelven el mar a los ciudadanos.
El proyecto llamó la atención del jurado desde el primer momento, que lo seleccionó aunque con ciertas dudas por parecer “demasiado arriesgado”. Finalmente la cantidad y calidad del trabajo presentado y las soluciones propuestas tanto en lo que se refiere al programa (el proyecto incluye la creación de un mercado 24h, que no pedían las bases) como a la integración urbanística han hecho que le dieran el primer premio y que se vaya a construir en un tiempo estimado de 3 a 4 años.
Este proyecto se convierte actualmente en unos de los proyectos arquitectónicos más importantes desarrollados por un equipo español en el extranjero.

Más datos de interés:
Nombre del concurso: Kaohsiung, Maritime Cultural and Popular Music Center.
Situado en la Bahía del Río Amor, en Kaohsiung, Taiwan.

Metros: 80.000 metros cuadrados, más 20.000 metros cuadrados de espacio público exterior.
Presupuesto: unos 100 millones de €
Programa: Auditorio interior (3500 plazas), auditorio exterior (12.000 plazas), Ocho auditorios pequeños (150 a 400 plazas), Un museo del mar, un museo de la música, un área comercial (20.000 m2)

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ARQUITECTOS 3.0

04 / 02 / 2011 0:00 PEDRO GARCÍA cultura.tiempo@grupozeta.es

El equipo de arquitectos españoles Made In no supera los 40 años de media y trabaja sin cargos ni sueldos preestablecidos. En plena crisis, la enorme Ciudad de la Música de Kaohsiung, en Taiwán, llevará su sello.

¿Cómo te lo podría resumir? Nos ha tocado el premio gordo”. Manuel Álvarez-Monteserín sonríe y apura su cerveza en la esquina de un bar del centro de Madrid. Tiene 33 años y la vida le ha cambiado de golpe. Le acompañan Beatriz Pachón y Javier Simó, 33 y 41 primaveras en cada apellido. “Cuando nos paramos a pensarlo… la verdad es que da miedo”. No es para menos. El universo de la arquitectura es una galaxia donde muy pocos rompen el caparazón antes de cumplir los 40. Si hay excepciones, Álvarez-Monteserín y compañía son una… y de las buenas. Por la magnitud del proyecto que tienen por delante y porque, sencillamente, no están solos. Mucho más que eso: “Sin el resto no somos nadie”. Vamos por partes.

Hace unos seis meses, en plena crisis, estos tres arquitectos –valga recordar a los más de 3.500 que engrosan en estos momentos las listas del paro- pusieron en marcha “una bola de nieve” que, con el tiempo, fue cogiendo inercia hasta atraer a varias consultoras de prestigio global, al estudio canario Corona y P. Amaral –autores de la terminal del aeropuerto de Tenerife-, al estudio taiwanés HOY y a un grupo de jóvenes arquitectos –Guiomar Contreras, Antonio Alejandro, Andrés Infantes, Laín Satrústegui y un interminable etcétera- diseminados por Madrid, Rotterdam, Bilbao y el sudeste asiático. El equipo terminó superando los 30 miembros y adoptó como cuartel general de operaciones el estudio del colectivo madrileño León11, donde trabajaban muchos de ellos. El proyecto quedó bautizado como Made In (www.madeinarchitects.com), quizá pensando en su próximo destino.

 

El premio, finalmente, llegó. El concurso internacional para la construcción de la futura Ciudad de la Música de Kaohsiung, un mastodonte con ocho auditorios, dos museos y un mercado que abrochará, en unos tres años, el mar y el último rincón de la segunda ciudad de Taiwán. Unos 100.000 metros cuadrados de superficie. Para hacerse una idea, quizá baste con decir que la interminable y polémica Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela –que lleva devorados más de 400 millones de euros- ocupa unos 148.000 metros cuadrados a los pies del monte Gaiás. Hasta aquí los datos, incluyendo los 100 millones de euros de presupuesto, los tres años que quedan por delante y las más de 7.000 horas trabajadas “sin ver un euro”. Algo imposible sin pasión y buenas dosis “de cabezonería” y tenacidad.

Arquitectura colectiva

“La verdad, si lo pienso me da vértigo –reflexiona Álvarez-Monteserín– pero hay que tener humildad. Sabemos que no tenemos experiencia y que la necesitamos, pero tenemos una estructura que ha sido capaz de idear este proyecto y traernos hasta aquí, eso también es válido. Cuando Rafael Moneo [el único español ganador de un Pritzker, el nobel de la arquitectura] ganó su primer concurso, seguro que se armó de gente que sabía mucho, y nosotros como colectivo vamos a hacer lo mismo, pero lo bonito es que vamos a mantener la filosofía mientras seguimos aprendiendo. No queremos comprarnos un jefe”. La paradoja es que, aunque aún falta negociar durante algo más de un mes con las autoridades taiwanesas para saber si finalmente liderarán la construcción del complejo, es muy posible que muchos de los jefes que Álvarez-Monteserín y el resto de miembros de Made In han tenido en su corta carrera se pongan a trabajar esta primavera con sus ex pupilos en la construcción de la Ciudad de la Música.

“Hay que seguir con esta organización, que a nivel humano es increíble –matiza Simó-, pero necesitamos experiencia para controlar las cosas”. En una obra de este tamaño es inevitable que existan jerarquías y “los capitanes de cada edificio –subraya Álvarez-Monteserín- serán profesionales con muchos proyectos de ejecución a las espaldas. Les intentaremos contagiar el proyecto para que se apropien de ese sentimiento y esas ideas horizontales”. Pachón insiste: “Queremos gente que envuelva, que haga que todos aprendamos. No queremos delineantes”. Una filosofía no demasiado habitual en los grandes estudios.

Más allá de la metodología de trabajo, la profesionalidad y el sustrato colectivo que ha dado forma al equipo, la frescura es una de las claves de Made In. Eso y la sensación única de ver crecer un proyecto coral, “nuestro bebé”, segundo a segundo, capa a capa, “trabajando entre amigos”. “En los momentos difíciles decías: ‘Joder, es que hay una persona volando a Taiwán’. Al final había tanta gente involucrada que no podías echarte atrás”, recuerda Simó. Un grupo humano comprometido con la causa y, como parecía inevitable, un trabajo que se prolongó hasta el último minuto. “Es que hay diferencia entre ir siendo el jefe, con todo preparado, y como íbamos nosotros, con los ordenadores echando humo y currando hasta el último minuto”, resume Álvarez-Monteserín. “El día de la presentación habíamos dormido una hora para poder terminar el powerpoint a tiempo”. El sueño ya se ha cumplido. Ahora toca vivirlo.

¿Hasta qué punto la crisis ha permitido que proyectos como Made In, poliédricos y basados en sumar esfuerzos para multiplicar resultados, hayan tenido continuidad en nuestro país? Antonio Alejandro responde desde Rotterdam. A sus 41 años, ha colaborado en las estructuras del proyecto y se ha encargado de coordinarlas más de 7.000 horas “trabajadas de manera desinteresada” durante seis meses. Después de un año en Holanda, donde intentaba abrirse paso profesionalmente, la noticia le ha obligado a poner de nuevo rumbo a España. “¿Crisis? La verdad es que los arquitectos llevamos años en crisis. Vamos, que con todo el pelotazo ni siquiera nos enriquecimos, y eso que se hizo con nuestra firma. Pero sin la crisis no hubiéramos podido juntar este equipo, con esta calidad”.

Adaptarse al cambio

La cruda realidad exige adaptarse a los cambios y Made In ha sabido hacerlo a la perfección. Y es que, más allá de la escena emergente de colectivos de arquitectura españoles, como León11, ZuloArk, Basurama o Mytaki, en el panorama actual “para un arquitecto solo o en pareja es muy difícil llegar a montar una oficina”, según explica Alejandro. “La estructura habitual es de dos o tres socios que subsisten gracias a actividades ajenas a la del estudio. Los concursos nacionales huelen un poco a rancio y están muy limitados a un grupo muy reducido de arquitectos. Y los honorarios son escasos”.

Los concursos internacionales son otra cosa. “Hacen falta muchos recursos –cuenta Alejandro- y eso les da ventaja a las grandes firmas, que tienen oficinas internacionales y trabajan aprovechando las diferencias horarias. Y eso se nota. Lo bueno de Made In es que puedes aunar los mismos recursos humanos que los estudios grandes, pero sin un duro de financiación. Es un poco más complicado y requiere soluciones más imaginativas, pero la necesidad agudiza el ingenio”.

Con la era post-Guggenheim y el ocaso paulatino de los grandes arquitectos estrella como paisaje de fondo, tras el frenazo de la construcción y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, en nuestro país las fronteras profesionales y geográficas han comenzado a difuminarse. Gracias a realidades como Made In, la arquitectura y sus límites continúan mutando. Arsenio Pérez, miembro del estudio Corona y P. Amaral, parte de la estructura de Made In, lo tiene claro: “Se está produciendo una redefinición en la forma de entender la arquitectura. La creación –resume- ha dejado de ser una labor solitaria”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Manuel Álvarez-Monteserin
Beatriz Pachón
Javier Simó
Lain Satrustegui
Antonio Corona y Arsenio P. Amaral
Guiomar Contreras
Sara Pérez
Antonio Alejandro
Jorge López
Maria Mallo
Teresa Santás
Ignacio Álvarez-Monteserín
Jaime López de Leon11
Angel J. Abruña
Javier Gutierrez
Beatriz Crespo
Laura Martín
Alicia Domingo Medrano
Ismael García Abad
Luis Marcos Nieto
Pablo Salvador

Local Partner:
HOY architects.

Consultants.
Xu acoustique, Paris.
BOMA, Barcelona.
Theatre Projects Consultants, Londres.
ARUP, Hong Kong.